Hola,
La semana pasada os escribí sobre el contacto visual en consulta. Os sugerí que usarais el nombre de vuestro médico para romper la barrera de la pantalla.
Un lector me respondió algo que me dejo perplejo:
"No siempre que entras en una consulta sabes el nombre del médico. Ni cuando sales. Él sí sabe tu nombre, pero ni te nombra."
Tiene razón. Toda la razón.
Cuando entras en la consulta el médico sabe cómo te llamas, qué tienes, qué tratamiento llevas y qué se te dijo la última vez, eso es la historia. Tú entras sin saber ni quién te va a atender. A veces hay un cartel en la puerta. A veces no. A veces te atiende alguien diferente y nadie te explica por qué.
Y eso crea una asimetría que pesa más de lo que parece. Uno sabe todo del otro. El otro no sabe ni su nombre. Es difícil sentirse en igualdad de condiciones cuando empiezas desde ahí.
Yo, cuando atiendo pacientes de compañeros o viene un nuevo paciente tengo la costumbre de presentarme: “Buenos días, yo soy Francisco Pérez Leal, y seré su hematólogo”, pero entiendo que no todo el mundo lo hace.
Tu turno: Dos cosas sencillas.
Si no sabes el nombre de tu médico, pregúntalo. "Perdone, ¿cómo se llama usted?" No es raro ni maleducado. Es lo mínimo para que una conversación sea entre dos personas.
Y si eres profesional sanitario y estás leyendo esto: preséntate. Cada vez. Aunque lleves prisa. Aunque sea la consulta número treinta del día. Un "Hola, soy la doctora García" cambia el tono de todo lo que viene después.
P.D.: Diálogo en Salud existe para esto. Para que me digáis lo que no veo desde mi lado de la mesa. Seguid respondiendo. Os leo.
Un abrazo, Francisco | Diálogo en Salud.
P.D.2: Si crees que este correo puede ayudar a alguien que tiene una consulta médica esta semana, reenvíaselo.
