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¿Dónde está tu último informe médico?

No lo busques todavía. Solo piensa dónde está.

¿En un cajón? ¿Doblado dentro de una carpeta, sin leer? Es lo más normal del mundo. Lo veo muy a menudo en consulta.

Cuando alguien llega con dudas desde otras consultas, y a veces de la mía, siempre le pregunto lo mismo: «¿Le dieron el informe? ¿Se lo ha leído?».

Entonces saco una copia y lo leemos juntos. Le explico lo que puedo, hasta donde llegan mis conocimientos.

De esas lecturas he aprendido dos cosas. Los médicos no siempre explicamos bien. Y casi nadie lee su informe. No es culpa tuya ni de quien te atendió. Las dos cosas tienen arreglo, y una de ellas está en tus manos.

Parte del problema está en para quién escribimos. Cuando redacto un informe, pienso en tu médico de familia, que te verá el jueves. En el compañero de urgencias que abrirá tu historia un domingo de madrugada. Por eso escribimos deprisa, con abreviaturas, en clave. Es un mensaje de médico a médico, aunque algunos acrónimos son difíciles hasta para nosotros, de verdad.

Pero ese papel tiene tres lectores, no uno. El médico que viene detrás. Tú. Y cualquiera que necesite saber qué te pasa: tu hija, el hermano que vive lejos, la mutua, otro hospital donde pidas una segunda opinión. Si alguien tiene que entender tu situación, acabará leyendo ese papel.

La consulta dura minutos. El informe se queda.

Por eso te pido que lo leas. Siempre. Aunque sea por encima. No para examinarte, sino porque un informe leído a tiempo se puede corregir. Una alergia que falta. Una fecha cambiada. Una pastilla que se suspendió y sigue apareciendo. O tus datos de contacto: un teléfono antiguo, una dirección que ya no es la tuya

No es un caso raro. En un estudio de un hospital español, más de 6 de cada 10 pacientes salían del alta con alguna diferencia sin justificar entre la medicación que tomaban y la que figuraba en el informe. Cuando se añadió un sistema de revisión, bajó a poco más de uno de cada diez. Los errores existen. Y se arreglan cuando alguien los mira.

Ese alguien también puedes ser tú.

Quizá te estés preguntando qué pasa si no te lo dieron al alta. Te tranquilizo: el informe de alta es un derecho. La Ley 41/2002 dice que todo paciente «tendrá el derecho a recibir del centro o servicio sanitario, una vez finalizado el proceso asistencial, un informe de alta». Eso si, tras una consulta, la ley no lo exige en todos los casos, pero pedirlo es razonable. Y tu historia clínica puedes solicitarla siempre en atención al paciente: esa misma ley te reconoce el derecho a obtener copia.

Para pedirlo basta una frase: «¿Me puede dar un informe de lo de hoy? Quiero leerlo con calma en casa.» No molestas. Nos ayudas.

¿Cuándo fue la última vez que leíste un informe tuyo de principio a fin?

Tu turno. Busca el último informe que te dieron. Coge un bolígrafo y dale cinco minutos:

  • Tus datos y tus alergias.

  • El diagnóstico: ¿es el que te explicaron?

  • La medicación: ¿coincide con la que tomas hoy?

  • Lo pendiente: pruebas, citas, revisiones.

  • Las palabras que no entiendes. Subráyalas.

Lo subrayado es tu lista de preguntas para la próxima consulta.Un abrazo,

P.D.: Desde que leo informes en voz alta con mis pacientes, escribo los míos de otra manera. Pienso en quien lo va a leer solo, en la mesa de la cocina. Siempre lo intento, no siempre lo consigo.

P.D. 2: Si alguien cercano tiene consulta esta semana, reenvíale este correo. Y si tienes alguna pregunta, respóndeme, os leo.

Este contenido es educativo y no sustituye una consulta médica.

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